domingo, 22 de agosto de 2010

EL PRI SIGUE DANDO TUMBOS

BUENOS DIAS VERACRUZ

Por: David Varona Fuentes
22 de agosto de 2010

Escenario nebuloso para el PRI veracruzano.
No se observan visos de cambios ni de transformaciones profundas al interior del Revolucionario Institucional.
En efecto, el fracaso electoral del 4 de Julio en diputaciones y alcaldías que perjudicaron en votos la candidatura a gobernador, exigía limpiar la casa de ineptos y traidores que, en unos casos sólo llevaron agua a su molino, y en otros operaron para los adversarios.
Era inminente el cese del mexiquense Jorge Carvallo del CDE del PRI; era el grito enérgico de la militancia tricolor que fue testigo de los grandes negocios que se hicieron en la dirigencia estatal con la venta y subasta de candidaturas a diputados y presidentes municipales.
Sin embargo, por la amarga experiencia de la reciente elección local, el PRI merecía apostarle a un mejor futuro, no seguir abonándole más a la inercia, a la parálisis política, ni al encono ciudadano por las traiciones suscitadas.
Los cambios que están dándose en el PRI de la entidad, simbolizan pagos al fracaso electoral y a las deslealtades del 4 de Julio.
Primero el extraño arribo de Ranulfo Márquez a la dirigencia estatal, y ahora las imposiciones en los comités municipales, como el caso del puerto jarocho, donde persona más gris e incompetente no pudieron encontrar para sustituir al otro inútil de Daniel Galindo, galardonado con una regiduría en el próximo ayuntamiento de la ciudad de Veracruz.
Oliver Aguilar Yunes, niño bien nacido en pañales de seda, ignorante del mínimo conocimiento del arte de la política, viene de perder la diputación local Veracruz rural en manos de un comerciante desconocido; es hermano del Subprocurador de Justicia Marco Antonio Aguilar Yunes, presunto beneficiario de regalos millonarios enviados por el narcotraficante en presión, Albino Quintero Meraz, para torcer la ley.
Marco y Oliver, en nombre del compadrazgo que dicen tener con Javier Duarte, creen merecerse todo. El primero sueña convertirse en Procurador, y el segundo quiso ser diputado local agarrándose de la imagen popular de Fidel, transmitida al candidato priísta a gobernador. En su infancia los hermanos Aguilar Yunes pudieron haber jugado a las canicas con Duarte allá en su natal Córdoba, pero qué lástima no le aprendieron ningún sesgo de humildad a Javier; al menos el hoy líder del PRI en un municipio tan importante y problemático como Veracruz, se jacta de ser un chucha-cuerera, a todos desprecia y a todos quiere humilla.
Ejemplos como el anterior, sin lugar a dudas, representan malos presagios para el Partido Revolucionario Institucional; la llegada de verdaderos desconocidos, de tipejos amargados, antipáticos, prepotentes, que los carcome el deseo de venganza por lo que no lograron obtener en los comicios pasados, en nada ayudará al tricolor.
Pareciera que el PRI estatal se encuentra en crisis de talentos políticos, de rostros carismáticos, de personajes que despierten simpatías y arrastren multitudes.
Da la impresión que después del gobernador Fidel Herrera o del sucesor Javier Duarte, no hay en Veracruz quien garantice llevar al PRI por la senda triunfal que como imán atraiga masas de seguidores y simpatizantes.
Y no es para menos…
La popularidad ante la gente no se obtiene por decreto, menos por dedazo o regalo de los amigos en el poder; se gana con trabajo, esfuerzo, gobierno de puertas abiertas, y principalmente cumpliéndole las promesas hechas al pueblo.
El tío Fide se fajó más de 30 largos años para poder llegar a la gubernatura, y tuvo que dedicar sus tres primeros años de mandato para recomponer al PRI veracruzano hechos trizas y en total descomposición política y social, producto de la corrupción alemanista heredada.
Ese estilo personal de Herrera de gobernar cercano a la gente, atendiendo en forma directa los problemas que le demandan, convirtieron a Fidel en uno de los mandatarios veracruzanos más respetados, queridos y admirados por su pueblo, de quien recibe y no desprecia invitaciones para estar en festejos de 15 años; bautizos, primeras comuniones, confirmaciones, y todo tipo de fiestas en comunidades y rancherías.
Es Fidel el político que más ahijados y compadres tiene tan sólo en el estado; a lo largo y ancho de la geografía veracruzana todos han querido sea el padrino de familiar; hasta los niños corean su nombre en las escuelas. Cuentan que muchas veces en algunos de los pueblos que visita, el gobernador invita a los infantes subir a su avioneta y ordena a los pilotos “den una vueltecita a los chamacos”, sorprendiendo a propios y extraños.
Con ese trato humano y sencillo, Fidel logró ganarse la admiración de la inmensa mayoría de veracruzanos, que redundaron en triunfos electorales para el PRI en comicios de 2007 y 2009, en los que aplastaron a los candidatos de partidos opositores, en especial a los del PAN.
Si los demonios del edén no hubiesen sobornado o prometido cargos importantes a priístas claves en las elecciones del 4 de Julio, otra historia estaría viviendo el PRI del gobernador Herrera y del sucesor electo Javier Duarte, basada precisamente en las simpatías de Fidel y su poder de convocatoria ante el pueblo de Veracruz.
Pero se impusieron las traiciones, y el veredicto final de la elección de gobernador se encuentra en manos del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, donde los panistas tienen prendidas sus veladoras.
En suma, no es nada fácil erigirse en dirigente partidista en estos tiempos de incredulidad política y desconfianza ciudadana. Y peor todavía si quienes asumen los liderazgos son impuestos por dedazo como premios de consolación.
El escenario postelectoral en Veracruz todavía hierve; en los hechos no hay nada para nadie en cuanto a la gubernatura.
Por lo tanto, no echar campanas al vuelo enviando mediocres para que dirijan al PRI en municipios estratégicos en los que se perdió la elección a gobernador.
¿O usted qué opina?

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